O al menos eso es lo que pensamos.
Los números y los gráficos nos impactan todos los días, y no solamente en las áreas técnicas y académicas.
En ambientes más cotidianos, políticos y publicistas buscan convencernos de las bondades de una nueva política pública, del desempeño de la economía o de las maravillas que puede hacer un dentífrico por nuestra salud bucal.
Los últimos años están repletos de casos de falsificación escandalosos.
Una sentencia reciente en Chile condenó a la empresa Whiskas por competencia desleal y confirmó que su publicidad no se acompaña por ningún estudio serio y «no se sustenta en antecedentes objetivos y verificables». ¿Será que nadie le preguntó a los gatos? (https://www.lanacion.cl/tribunal-fallo-que-publicidad-8-de-cada-10-gatos-prefieren-whiskas-es-competencia-desleal/)
Estos casos extremos no son únicos ni se requiere llegar a tanto para engañar o confundir.
Muchas veces basta con mucho menos.
Aquí hay algunos ejemplos.
Media verdad es una mentira
Panel FACTI (ONU). Informe final